¿Salimos más fuertes? Por Ramón Valdivia, director general de Astic

«Nos anuncian desde el Gobierno que ‘salimos más fuertes’, en primera persona… del plural. Confieso mi perplejidad», apunta el autor del artículo.

En un medio profesional como es TodoTransporte, debo centrarme en los aspectos económicos y empresariales de nuestro sector, ahora, en concreto, sobre esa “nueva normalidad” que nos quieren “vender” como la receta perfecta. No puedo, sin embargo, dejar de lado la tragedia humana de los que no lograron salir con vida de esta oleada de COVID-19, el dolor de sus familiares y el sufrimiento de tantas personas que han pasado por los hospitales de toda España. En honor a ellos y al nombre de esta sección, quiero elevar mi pésame y mi solidaridad.

Por tierra, mar y aire nos anuncian desde el Gobierno que “salimos más fuertes”, en primera persona… del plural. Confieso mi perplejidad. No alcanzo a concretar quiénes son ese “nosotros” que va implícito en el lema. Desde luego, si se refiere al transporte por  carretera van muy desencaminados. Para empezar, es que no salimos, estamos y vamos a seguir estando muy afectados por las consecuencias económicas derivadas de las medidas adoptadas para frenar la pandemia.

Si la actividad de los vehículos de transporte está estancada en niveles de hace un lustro, tras sufrir “baches” enormes de hasta el -100% en algunas especialidades. Si casi la mitad de las empresas del sector han tenido que recurrir a ajustes en el empleo. Si los retornos en vacío se disparan, los pagos se retrasan aún más, la poca tesorería que hubiese se esfuma, los impagos se multiplican y los precios se tambalean, el “salimos más fuertes” suena casi a provocación.

Buscando alguna faceta “fortalecedora”, hemos llegado a creer que una importante novedad derivada de esta oleada de COVID-19 para nuestro sector era la (añorada) notoriedad. Millones de personas, incluidos altos representantes políticos, habrían reparado, ante la fuerza  de los hechos, en que el transporte de mercancías tiene una enorme relevancia en el funcionamiento de las sociedades y, en  particular, que la carretera exhibe una flexibilidad incomparable a la hora de afrontar, sin merma de su eficacia, cualquier alteración de las demandas, incluso si provienen de crisis inesperadas. Esperábamos comprobar que este hecho dejase huella, especialmente en los poderes públicos. ¡Vana ilusión!

Mucho me temo que la “salida” antes que hacernos más fuertes, aunque sólo fuese en el campo del reconocimiento a la labor y el respeto profesional y empresarial, nos lleva en volandas a la “vieja normalidad” más que conocida por todos y abundante en el “ninguneo”, la imposición y hasta la arbitrariedad. La “vieja normalidad” de un sector que conviene a algunos mantener fragmentadísimo y que, lejos de combatir esa realidad que evidentemente no le hace “más fuerte”, se alía con ella. Reconozco que se me escapan las razones. Desde luego, combatir puede resultar más incómodo que retomar lo acostumbrado.

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