La comodalidad: amnesia política. Por Ramón Valdivia, director general de Astic

Cada vez es más notorio que los poderes públicos tienen memoria para lo que quieren o les interesa, ninguna de las dos cosas parece tener que ver con el sector del transporte, que es frecuente objeto de amnesia política. Año tras año, legislatura tras legislatura, caen en el destierro del olvido en los programas electorales, pasando de puntillas por las reivindicaciones del transporte, sector vertebrador donde los haya de la economía, las personas y los territorios.

Esto es precisamente lo que le sucede a la comodalidad, que combina la carretera con el ferrocarril, con el barco o los aviones, y que, en nuestro país, está dejada de la mano divina. Una parte significativa del empresariado del  transporte constata presupuesto tras presupuesto con estupefacción un escandaloso desequilibrio en la balanza de inversiones: los anteriores Ejecutivos han ignorado casi por completo a la comodalidad y han priorizado esfuerzos, recursos y fotos y titulares mediáticos al Tren de Alta Velocidad (AVE) por no hablar de la multiplicidad de puertos y aeropuertos.

Una prueba de ello es el deterioro de la intermodalidad terrestre ferrocarril-carretera en nuestro país desde hace casi dos décadas. Según el último índice de comodalidad, aunque la suma de ambos tipos de transporte supera la actividad en toneladas transportadas desde 2000, no ha conseguido llegar al mínimo de crecimiento de mercado en
términos de PIB.

Vemos cómo miles de millones de euros recalan en las vías del AVE en detrimento de la carretera y de sus interconexiones con el resto de modos de transporte. Y no lo digo yo, lo subraya el tirón de orejas que dio Bruselas al Gobierno español por el despilfarro en el AVE: el informe del Tribunal de Cuentas de 2018 concluía que sus infraestructuras eran caras, poco eficaces, mal conectadas e infrautilizadas. Un coste medio de 25 millones de euros por kilómetro. Con ese montante se podrían construir media docena de aparcamientos seguros y bien equipados, para más de 60 camiones cada uno, una necesidad imperiosa para el desarrollo del transporte.

Ante el empeoramiento de la situación, urge poner manos a la obra con la creación de una Unidad de Comodalidad que trabaje por desarrollar esa faceta de nuestro sector. Urge una unidad como esa, encuadrada desde luego, en un Ministerio específico de Transportes, tan reclamado por los transportistas desde hace mucho tiempo, que atienda, como se merece, las necesidades del sector y aporte soluciones reales de una vez, en lugar de bucles burocráticos y telerañas normativas. Si ya existió en el segundo y tercer Gobierno de Adolfo Suárez en los años de la Transición, acuñado como “Ministerio de Transportes y Comunicaciones, ¿por qué no también en nuestros días? Todo es cuestión de actitud en la vida. Y en política, mucho más.

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