Comprar en tiempos revueltos. Editorial de Todotransporte número 411

La adquisición de un vehículo destinado al transporte de mercancías se ha convertido en una actividad mucho más complicada de lo que ha sido nunca en las últimas décadas.

El panorama es confuso. Muy confuso. La adquisición de un vehículo destinado al transporte profesional de mercancías se ha convertido en una actividad mucho más complicada de lo que ha sido nunca en las últimas décadas. Y es que la confluencia de un enorme número de factores diversos ha dado lugar a un escenario nada despejado para comprar un nuevo vehículo.

La atención política y mediática en torno a la batalla contra las emisiones contaminantes y la lucha contra el cambio climático ha alcanzado cotas nunca vistas, entre otros motivos para atender a la demanda de una ciudadanía que, por un lado, declara estar crecientemente comprometida con la protección del medio ambiente y, por otro, mantiene de forma generalizada comportamientos de vida y hábitos de consumo que contradicen esa preocupación medioambiental.

También, de forma acelerada, asistimos a la implantación de restricciones de acceso a determinados centros urbanos en función de las emisiones contaminantes de los vehículos, con efectos más que notables para buena parte del sector del transporte profesional de mercancías. Y, mientras tanto, la descarbonización del transporte se ha convertido en un objetivo de máxima prioridad, ante una sociedad que no tiene ningún reparo en colocar al transporte profesional en la diana mientras realmente no termina de diferenciar, increíble pero cierto, entre emisiones de carbono (no contaminantes pero relacionadas con el cambio climático) con las emisiones contaminantes perjudiciales para la salud.

No se puede decir, desde luego, que el transporte profesional de mercancías por carretera no esté afrontando este reto mayúsculo. Lo que nadie puede pretender es que la transición se haga de la noche a la mañana y sin ningún tipo de efecto colateral (por ejemplo, elevación del precio de los productos para el consumidor final derivado de las fuertes inversiones que se prevén para afrontar la incorporación de nuevas tecnologías de propulsión). En el ámbito del transporte pesado, la demonización del diésel (también en el transporte ligero e incluso en el transporte particular) supone una de las grandes operaciones de confusión tecnológica que ha tenido lugar en los últimos tiempos. Los motores de gasóleo, hoy ya muy eficientes, todavía no han dicho la última palabra, mientras el gas natural continúa haciéndose un hueco más que justificado. Y, poco a poco, llegará la propulsión eléctrica a la distribución pesada, como bien demuestra el primer vehículo de este tipo que ha pasado por nuestras manos en condiciones reales de circulación.

En el transporte ligero las novedades marchan todavía a mayor velocidad, aunque, insistimos, los motores diésel continúan ofreciendo cada vez menores emisiones a la vez que una destacable eficiencia en términos de consumo (y por lo tanto de emisiones de CO2). Pero los furgones eléctricos ya están aquí (además de los motores de GNC), como demuestran los dos modelos probados reflejados en esta edición de Todotransporte, y se avecina una auténtica avalancha con más versiones eléctricas puras y tecnologías alternativas como la híbrida enchufable o incluso el hidrógeno.

De lo que no cabe duda es de que los transportistas se enfrentan, más que nunca, a decisiones muy complejas a la hora de renovar o ampliar su flota. Y de que cualquier tecnología no vale para cualquier uso, por lo que hay que acostumbrarse a incorporar versiones concretas para cada tipo de transporte específico. La diversidad tecnológica crece día a día, y los factores a tener en cuenta para optar por cualquiera de ellas requieren de un nivel de conocimiento desconocido hasta hace muy poco tiempo. Desde Todotransporte no nos cansaremos de seguir informando sobre esta auténtica revolución tecnológica para seguir ayudando en la elección de cara comercial ligero o vehículo industrial.

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