Transporte, fuente de empleo juvenil. Por Ramón Valdivia, director general de Astic

La Organización Internacional del Transporte por Carretera (IRU) ponía recientemente sobre la mesa un problema estructural y mundial que afecta seriamente a nuestro sector: el persistente déficit de nuevas vocaciones. Nada menos que el 21% de las ofertas de puestos de conductor de camión y el 19% de los de autobús y autocar en Europa quedan vacantes. Por ello, IRU ha pedido muy acertadamente a los gobiernos que reduzcan la edad mínima de los conductores profesionales a 18 años en camiones, autobuses y autocares, porque, sin duda alguna, aliviará esta escasez a largo plazo al dar una salida profesional a aquellos que abandonan la escuela y al ayudar a combatir el desempleo juvenil, que en el mundo se sitúa en 20%, pero en España doblamos ampliamente esa cifra. Y esto, me parece, necesita una solución urgente.

El transporte es una sólida fuente de creación de empleo juvenil, pues satisfacer la creciente demanda social de transporte y garantizar la continuidad de nuestros servicios exige mucho más que el simple reemplazo de los que van saliendo. Para que esto llegue a buen puerto, necesitamos la implicación de las administraciones públicas, el compromiso de nuestros clientes y, por supuesto, la actuación de nuestras propias empresas para, entre todos, resaltar el atractivo de esta profesión y eliminar los aspectos más negativos: suprimir las barreras económicas de acceso, solventar el conflicto con los cargadores en las zonas de carga y descarga, y construir los cientos de miles de plazas de aparcamiento y áreas de descanso para vehículos pesados aún necesarias en toda Europa.

De todos los planes de reactivación económica que tiene el Gobierno, ¿por qué no llevar a cabo uno específico para resolver esta sangrante paradoja del alto índice de desempleo mientras quedan miles de puestos sin cubrir? No saldría nada caro invertir en ayudas económicas para acceder a la profesión, becas para cubrir el 80% del coste de los cursos CAP, por ejemplo. Lo mismo cabe decir de fomentar la colaboración público-privada para dotar a nuestras rutas de suficientes zonas de descanso seguras y confortables para los profesionales del transporte. A estas medidas, habría que sumar otras como ayudas a las cotizaciones a la Seguridad Social que soportan las empresas; aumento de cursos de formación y actualización de conocimientos vinculados al sector; acuerdos con las administraciones públicas para eliminar trabas burocráticas, en definitiva, bonificaciones para las compañías y sus trabajadores, su valor activo más preciado.

Los transportistas llevan a cabo a diario una labor esencial para la sociedad, conectan día tras día sobre el asfalto la demanda de bienes y servicios con los centros de producción; al mismo tiempo el desempleo juvenil español está provocando, por su abultada cifra, llamadas de atención desde Bruselas a nuestro Gobierno. Si apoyamos a los jóvenes en el acceso a la profesión, la reducción de esa cifra y la continuidad del sector serán la recompensa para nuestra sociedad.

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