Macron y el meteorito de Biarritz. Por Ramón Valdivia, director general de Astic

«Las empresas de transporte siguen sin alcanzar la visibilidad que merecen», se lamenta el director general de Astic.

La cumbre del G7, celebrada recientemente en Biarritz, ha supuesto un meteorito de envergadura, como pocos en los últimos años, para las empresas de transporte y para sus conductores y clientes. Una vez más vemos como el sector del transporte por carretera es ninguneado por los poderes públicos. Su desconocimiento y olvido sobre las reglas de juego de esta actividad son impropios de quien debe gobernar. A pesar de ser una actividad vital para la economía, las empresas de transporte siguen sin alcanzar la visibilidad que merecen.

A Emmanuel Macron -cuyo apellido es bien conocido en nuestro sector- le ha venido de perlas el G7 como trampolín mediático, ha blasonado su carrera política con la medalla de “líder europeo”, pero la cumbre ha supuesto un desastre para el transporte de larga distancia. Sin duda eligió mal fecha y lugar: pocos fines de semana con mayor tránsito habrá en el año y desde luego, pocos puntos fronterizos de carretera hay con mayor trasiego de mercancías entre países.

Aún se están calculando las cifras del daño infligido a la hostelería local y al transporte internacional, pero serán decenas de millones de euros… estas últimas con la “inestimable ayuda”, hay que decirlo, de la gestión del Gobierno Vasco. Pero no se trata sólo de números. No es de recibo que se nos ignore en las decisiones que se han ido adoptando: ahora te abro ventanas de tiempo de la frontera, ahora te las cierro y mando “embolsar” los vehículos aquí o allá…

Tampoco nos merecemos que la Administración no sea consciente de las implicaciones y costes que los cambios repentinos acarrean para las empresas del transporte, sus empleados y sus clientes. ¿Olvidan que detrás del volante  hay conductores con sus horas ya tasadas semanalmente, que no han podido dormir en su domicilio con sus familias? ¿No perciben el descontento y desconcierto de los clientes a los que abastecemos…?

Ciertamente el “meteorito” de Macron, su (mala) decisión, era inevitable para nuestras autoridades. Pero gestionar las consecuencias viales le correspondía al Gobierno Vasco y, como suele suceder con los gobiernos cuando miran al transporte, encontró la solución fácil: quitarse de en medio los camiones durante tres días y punto… efectuando así un repentino viraje en la gestión del transporte a sólo 48 h. de la cumbre, con la Ertzaintza prohibiendo el paso a camiones en todos los puntos estratégicos en dirección a Francia, viraje que luego intentó corregir (con otro volantazo) permitiéndolo unas horas del domingo al lunes. Un verdadero galimatías.

Cuando hay nieve, se nos aparta, pero cuando hace sol también… si así le conviene a quien regula el tráfico. Este sector ha dado sobradas muestras de flexibilidad para adaptarse a los más variados imprevistos, pero que estos sean causados, en lugar de paliados, por las autoridades clama al cielo.

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