La armonización jurídico-laboral en el transporte europeo, un objetivo muy lejano

La Oficina en España del Parlamento Europeo acogió la presentación del estudio.
La Oficina en España del Parlamento Europeo acogió la presentación del estudio.

La armonización a nivel jurídico-laboral dentro del sector del transporte por carretera en Europa es prácticamente inexistente, y ello a pesar de las demandas en este sentido expresadas una y otra vez tanto desde el mundo empresarial como sindical. Así quedó demostrado el pasado 11 de diciembre con la presentación en Madrid de un estudio por parte de la Fundación Francisco Corell que ha sido elaborado por la consultora Alonso y Asociados.

«Este sector necesita más Europa, más armonización, donde no vayan las empresas por un lado y los trabajadores por otro», concluyó Emiliano Alonso, responsable del trabajo, tras destacar la existencia de diferencias «extremadamente acusadas entre países» y la «enorme disparidad» en sus regímenes jurídico-laborales.

A la vista de los resultados, poco alentadores para los defensores de la armonización, Alonso propone que el Reglamento se configure como un instrumento legal a nivel comunitario más extendido que la Directiva, puesto que esta «deja demasiada libertad a los Estados». La armonización, entonces, es algo absolutamente desconocido en ámbitos como la definición de infracciones, cuantía y tipo de las sanciones o en lo que se refiere a las condiciones laborales de los conductores, cuyas diferencias «pueden crear distorsiones del mercado y alentar dumping social».

Armonizar primero en casa

En el debate sobre armonización europea entre empresarios y sindicatos, Ramón Valdivia, director general de Astic, no dejó pasar la oportunidad de apostar por un convenio sectorial nacional que acabe con las enormes diferencias salariales entre diferentes provincias, una división administrativa que recordó procede nada más y nada menos que del siglo XIX. No dejó de preguntarse Valdivia tampoco si no sería más lógico avanzar hacia un convenio específico para la actividad de transporte internacional: «¿Tiene algo que ver un transporte local dentro de la ciudad de Zaragoza con un transporte que sale de esta ciudad para llegar hasta Alemania?», se interrogó en voz alta.

«La propuesta de Astic pasa porque empecemos primero a armonizar dentro de España», insistió, un país de los más descentralizados de Europa (y del mundo) donde a veces tampoco está nada claro si se camina hacia el mantenimiento de la unidad del mercado nacional o más bien al contrario.

A la cita, como no podía ser de otra manera, no faltaron los sindicatos, que abogaron por armonizar en materia laboral. «El dumping social empieza a tomar fuerza como problema», apuntó Juan Luis García Revuelta, vicepresidente de la Federación Europea de Trabajadores del Transporte, ETF, y miembro de CCOO, que mostró su conformidad con la prohibición del descanso semanal en cabina en Francia, una afirmación que fue rápidamente contestada por Ramón Valdivia, quien le recordó que la normativa del país galo no se ha implantado para proteger a los conductores sino para perjudicar a las empresas de transporte no francesas.

La visión de la Unión Internacional del Transporte por Carretera, IRU, corrió a cargo de su delegado general, Michael Nielsen, que criticó la ausencia de claridad en este sector a nivel continental, denunció la existencia de una creciente competencia desleal y abogó por no centrarse demasiado en armonizar las diferencias salariales entre países ya que los niveles de impuestos tampoco son equivalentes.

«Cada uno quiere armonizar en una dirección»

Frente a las visiones, en buena medida encontradas, de empresarios y sindicatos en la defensa de la armonización, Emilio Sidera, subdirector general de Ordenación del Ministerio de Fomento, inundó la sala con grandes dosis de realismo al concluir que aunque todos tenemos claro que hay que armonizar «el problema surge sobre en qué dirección armonizar: cada parte quiere armonizar aquellos aspectos en los que la falta de armonización le perjudica pero no quiere armonizar aquello en lo que sale beneficiado de la desarmonización, lo cual hace que se trate de un tema muy complejo». Ciertamente, Sidera podría haberlo dicho más alto, pero más claro hubiera sido muy complicado.

La jornada fue clausurada por Enrique Barón, primer ministro de Transporte con el primer gobierno socialista allá por 1982 y presidente del Parlamento Europeo entre 1989 y 1992, quien recordó que la armonización no es un concepto que entre como tal dentro de las competencias de la Unión Europea y que las cuestiones laborales son básicamente competencia de los diferentes Estados. Dicho esto, comentó que el momento para plantear las demandas expuestas en la jornada era oportuno tras la reciente configuración de la nueva Comisión Europea, para añadir que la iniciativa de la Fundación Francisco Corell «forma parte de la Europa que estamos construyendo, sin barreras».

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