El presagio de la EPA. Por Ramón Valdivia, director general de Astic

«Si no se genera trabajo, las consecuencias para el sector pueden ser devastadoras», advierte el director general de Astic.

Como cada trimestre, no pierdo dato de la Encuesta de Población Activa (EPA), claramente uno de los termómetros clave de la economía española. Y los augurios no son nada positivos en cuanto a la creación de empleo y, por ende, para el devenir de nuestro sector, el transporte, y de muchos otros productivos que vertebra, como el turismo, el agropecuario o la automoción. Y es que el porcentaje de desempleo desestacionalizado ha subido por segundo trimestre consecutivo, cerca de 20.000 personas más.

El número de ocupados también es desalentador, puesto que el incremento trimestral es el más bajo en siete años, datos que no veíamos desde la irrupción de la crisis económica en 2008. Son cifras que me preocupan seriamente y que demuestran que la economía de nuestro país está descendiendo de nuevo a la parte más oscura del valle. Y señores, si la economía no crece, tampoco lo hace el transporte. Si no se genera trabajo, las consecuencias para el sector pueden ser devastadoras. Una vez más debo recordar que si se pone freno al sector del transporte de mercancías por carretera se está obstaculizando al vector principal de las exportaciones e importaciones del país, cuyo 70% circula por el asfalto hacia Europa.

Es importante recordar que el transporte terrestre figuraba, hasta la pasada primavera, entre los cuatro mayores empleadores de España, junto con el ámbito educativo, la construcción y el comercio al por menor, con un total de 54.200 trabajos generados. Y aunque la desaceleración es una fase habitual y natural de todo ciclo económico, los poderes públicos no deben bajar la guardia y actuar con firmeza en favor del desarrollo y prosperidad empresarial, con menos incertidumbre política y normativa y más soluciones, por el bien de todos.

Aquí no queda la cosa, pues los costes laborales también han registrado un aumento del 2,4%. Y desde luego, esto
afectará a nuestro músculo competitivo. Me echo a temblar cada vez que algún iluminado político insiste en la ‘maravillosa’ idea de subir aún más los impuestos a las empresas, entre ellas, las de transporte, que ya soportan una gran losa fiscal de más de 10.000 millones de euros al año. ¿No se dan cuenta las autoridades que, de esta forma, están abonando aún más el camino hacia una nueva crisis económica?

No nos podemos permitir sufrir otro bache más, ni el sector del transporte ni el resto de sectores productivos, pues el desarrollo económico, prosperidad y competitividad de España en su conjunto está en juego, y la anterior recesión aún sigue dando coletazos en la memoria colectiva y en el bolsillo de los ciudadanos. Los políticos deberían tomar buena nota y poner remedio antes de que sea demasiado tarde.

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