Florituras verbales. Por Ramón Valdivia, director general de Astic

En el sector del transporte por carretera ya estamos acostumbrados, desgraciadamente, a escuchar florituras verbales, frases políticamente correctas y promesas incumplidas desde las distintas Administraciones. No hace mucho, desde Bruselas se anunciaba, a bombo y platillo, la adopción de un prometedor paquete de medidas para respaldar a las empresas de los sectores aéreo, terrestre y marítimo para plantarle cara al terremoto económico y social que se nos avecina por la epidemia Covid-19.

Destacadas autoridades como Adina Valean, la comisaria europea de Transporte, se llenan la boca de orgullo al explicar que ayudarán al transporte a un mejor funcionamiento, gracias a estas “soluciones concretas” para disminuir la maraña normativa en la que están inmersas las empresas del sector, además de los ingentes costes fijos a los que deben hacer frente. Pero si no se actúa con urgencia, serán fuegos de artificio, aún peor, con pólvora mojada: el estrangulamiento financiero aprieta ya demasiado y puede que esas ayudas lleguen cuando no haya casi a quien ayudar.

A la vista están los alarmantes resultados de la encuesta que Astic ha realizado entre sus empresas. Durante este eterno Estado de Alarma, un 40% de las empresas asegura que ha perdido entre un 25% y un 50% de viajes además de ver subir la aguja de su cuentakilómetros improductivo hasta más del 30%, con picos del 50% en los periodos en que el Gobierno ordenó “hibernar” la economía española. Ya se tienen muestras claras de que la experiencia y el know-how acumulados durante décadas se está perdiendo demasiado a prisa pues un 40% de las compañías encuestadas afirma que ha tenido que recurrir al ERTE para cuadrar su cuenta de resultados, y casi una de cada diez, lo que es peor, no ha tenido más remedio que despedir a empleados de su plantilla.

Preocupa que casi la mitad de las grandes empresas de transporte del país no haya podido evitar los recortes laborales. Pese a todos los obstáculos, las empresas del transporte por carretera han mantenido la actividad vital y estratégica de llevar bienes, muchos de ellos, de primera necesidad, a quien los necesita (industrias, comercios, particulares, etc.) pero deberíamos asegurarnos de que pueden seguir ahí en condiciones de funcionar el primer día de la recuperación. Nos quita el sueño nuestro presente pero también el futuro más inmediato, pues el tejido empresarial ya está debilitado y asfixiado económicamente, algo que pondrá en peligro la conexión entre centros de producción y la demanda de la “nueva normalidad”.

Urge una inyección de liquidez efectiva además de otras medidas como la reducción de las cotizaciones sociales. Ha costado varias semanas escuchar de boca del ministro Ábalos que el transporte “se merece” la creación de un fondo de ayuda. Más vale tarde que nunca, esperemos que tarde no se convierta en nunca.

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