«Esta crisis es una crisis de actividad, no de liquidez». Por Juan Carlos Moro, CEO de DB Schenker en España y Portugal

¿Seguimos mirando el retrovisor esperando a que la situación se arregle sola o se arregle desde Europa con fondos con deuda perpetua?, se pregunta el autor del artículo.

Por Juan Carlos Moro, CEO de DB Schenker en España y Portugal.- Los datos publicados por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo en relación con el volumen del comercio exterior de España el pasado mes de abril corresponden con el momento de mayor impacto del parón de las actividades económicas como resultado del estado de alarma iniciado del 14 de marzo. Sin embargo, que estos datos fuesen los esperados no implica que resulten menos preocupantes.

La brutal caída interanual del 37,2% en las importaciones y del 39,3% en las exportaciones de mercancías reflejan la severidad en la economía de un apagón histórico de este calibre. Estos indicadores son un termómetro tangible de hasta dónde puede decaer la economía con una sociedad en estado de coma inducido.

Entre los aspectos a reseñar, y que deben servir para entender e identificar medidas de reactivación, destacaría:

    • Caída muy superior respecto a nuestros socios europeos, con diferencias de hasta 10 puntos respecto a Alemania y la Eurozona. Sólo Francia supera el descenso español.
    • En la exportación, todos los sectores se contraen con la excepción del de la alimentación.
    • En el otro extremo, el sector de la automoción y los bienes de equipo mantiene la reducción que ya se observó en marzo, en estos momentos más acusada de forma dramática. Se observa el mismo comportamiento en las exportaciones.
    • A nivel geográfico, el único dato esperanzador ha sido el crecimiento de las exportaciones hacia China y Taiwán, mientras que en el resto de los países se reducen en tasas a niveles tan significativos como el -41,7% con Francia o el -43,4% con Italia. Fuera de Europa, el dato es del -36,3% con Estados Unidos y del -55,6% con Argentina.

¿Y ahora qué? ¿Qué hacemos? ¿Seguimos mirando el retrovisor esperando a que la situación se arregle sola o se arregle desde Europa con fondos con deuda perpetua?

Permanecer instalados en diagnosticar esta contracción económica como una crisis de liquidez no resolverá el problema. Ofrecer créditos ayuda a tapar agujeros, pero el boquete que se ha abierto no se cura con tiritas, y más si estas tiritas no tapan las heridas reales de la crisis. Esta crisis es una crisis de actividad, no de liquidez. El origen está en la afectación drástica de los pilares nuestra estructura económica: turismo, pequeña y media empresa, servicios y producción Industrial. Sólo se salva nuestra posición de “granja y huerto europeos”, que nos permite mantener o incluso incrementar nuestra producción y exportación de productos de calidad.

Esta situación obliga a todos los actores económicos y a la administración a anticiparse para proponer y ejecutar soluciones. El tiempo pasa, y pasa rápido. Sólo hay que ver como han volado los tres meses más dramáticos de nuestra historia colectiva. Tres meses tras los que empezamos fomentar la marca España, tratando de reflotar sectores como el turismo. Que los visitantes vuelvan en julio quizá no ayude a salvar ni una pequeña parte de la campaña veraniega, en la que miles de empresas y familias basan su economía anual.

Velocidad y cambio de dirección para no volver al comienzo debería ser la máxima del tejido empresarial y administrativo para implementar medidas de incentivación económica. Estamos viendo que otros países están poniendo en marcha medidas concretas, como las reducciones generales del IVA en Alemania o el “bono vacaciones” de Italia.

La liquidez o, mejor dicho, liquidez/deuda para las empresas no reactivará la economía per se si no se incentiva el consumo y, por tanto, la producción. Para ello, incentivos fiscales a las empresas y a los ciudadanos y herramientas para facilitar la inversión y la contratación activa, junto con la necesaria flexibilización de la vuelta de los trabajadores en ERTE a sus puestos de trabajo, son los únicos ingredientes posibles.

Este es el cambio de dirección que personalmente espero, pues seguir en la dirección que ejerce presión fiscal, incertidumbre legal e incentiva la liquidez/deuda no rearmará el sistema económico de forma directa ni sostenible, generando una losa de endeudamiento en empresas y administraciones que tardaremos muchas generaciones en recuperar.

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